El peso económico de las ciudades europeas

Compartimos un reportaje aparecido en la web elordenmundial.com sobre el peso económico de las principales ciudades europeas en relación al PIB que producen. Se observan fenómenos muy interesantes como la centralidad de Madrid (o el eje Madrid-Barcelona en España) o París, frente a la distribución regional que hay en Italia o Alemania (naciones con una historia bastante distinta y conformadas por una unión de regiones más o menos autónomas).

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El mapa del peso económico de las ciudades en Europa

31 enero, 2021


Las capitales suelen convertirse en espacios que concentran la población y riqueza de sus respectivos países, y es frecuente que sean la mayor ciudad de cada Estado. Sin embargo, en el mapa del peso económico de las ciudades en Europa, no todos los sistemas urbanos se comportan igual, y mientras que en algunos países europeos las capitales generan macrocefalias urbanas que ahogan al resto del territorio nacional, o a una parte importante de él, privándolo de recursos, población y riqueza, en otros existen sistemas urbanos bien jerarquizados o sistemas urbanos policéntricos.

Toda ciudad, por pequeña que sea, genera una macrocefalia sobre su entorno. A su vez, las ciudades tienden a jerarquizarse en el mapa según su peso económico, demográfico o cultural, sea en Europa o en cualquier otra región. Normalmente ocurre mediante ciudades grandes con servicios muy especializados, ciudades medias con servicios regionales y pequeñas ciudades de ámbito comarcal. El problema se genera cuando esta macrocefalia aumenta su área de influencia sobre toda una región o sobre todo el país, destruyendo en su crecimiento la jerarquía urbana del resto del territorio y privando de oportunidades, recursos y mano de obra al mismo. Esto les convierte en el único lugar con funciones especializadas en cientos de kilómetros a la redonda.

Estas macrocefalias son más evidentes y normales en Estados pequeños, y más preocupantes en Estados de mayor tamaño que deberían tener capacidad de poseer varias ciudades con diferentes niveles de funciones. Por ejemplo, en Malta o Luxemburgo, las ciudades de La Valeta y Luxemburgo concentran la inmensa mayoría de la población y el PIB de sus respectivos países. O en Estonia y Letonia, donde Tallin y Riga poseen un 65 y 70% del PIB, respectivamente.

No obstante, para detectar una macrocefalia no solamente hay que fijarse en el porcentaje de PIB o población concentrado en una ciudad, sino también en si existen más ciudades con tamaños y funciones intermedias, o en la riqueza y población que quedan en el resto del país.

España concentra un tercio de su riqueza en Madrid y Barcelona, en lo que se denomina un sistema bicéfalo —con dos cabezas de similar importancia—, y solamente reparte el 22,4% del PIB fuera de las regiones urbanas con más de 1% de PIB, siendo el país de Europa con mayor desequilibrio. Esto implica que la base del sistema es débil, con gran parte del territorio sin apenas actividades económicas. Tampoco existen ciudades intermedias entre el binomio de Madrid-Barcelona y el resto de la red, profundizando aún más los desequilibrios. Por último, Madrid ejerce una de las más claras macrocefalias de Europa, donde solamente Zaragoza y ciudades periféricas próximas a la costa llegan a poseer un 10% del PIB de la capital, dejando la mayor parte del interior del país desestructurado en favor de Madrid.

París ejerce otra poderosa macrocefalia sobre el norte de Francia. Sin embargo, tiene un sur y una costa atlántica mejor estructurados. Por su parte, Londres concentra también un tercio del PIB británico, pero la macrocefalia londinense no está tan marcada, y si bien no hay una ciudad que pueda competir individualmente con Londres, el conjunto del área urbana de las Tierras Medias, con ciudades como Liverpool, Mánchester, Birmingham o Leicester, sí que lo hace. Esto genera un desequilibrio entre en eje Londres-Liverpool, donde se acaba concentrando más de la mitad del PIB, y el resto del país.

Italia y, sobre todo, Alemania son ejemplos de redes urbanas bien estructuradas, aunque ambas presentan algunos desequilibrios internos. A favor de ambas juega el hecho de haberse formado a partir de la unión de varios pequeños países que tenían sus propias estructuras urbanas. En Alemania existe un sistema de muchos núcleos con varias grandes ciudades especializadas, aunque Berlín va conformando una macrocefalia sobre Alemania del Este. En Italia existe un desequilibrio norte-sur, con un sistema urbano ejemplar en el norte y una red urbana más endeble en el sur.

La ciudad que nunca existió, Pedro Azara

La ciudad que nunca existió es el catálogo de la exposición del mismo nombre organizada en el CCCB por el arquitecto y profesor de estética Pedro Azara. Anteriormente realizó otras dos con una temática similar, Las casas del alma, dedicada a los lugares de reposo de los muertos en las distintas culturas, y La fundación de la ciudad, sobre los ritos que siempre acompañan al establecimiento de un enclave urbano.

La ciudad que nunca existió, como el propio comisario de la exposición presenta en el libro, se centra sobre todo en los caprichos arquitectónicos del Renacimiento. La arquitectura en la pintura no tuvo importancia hasta la llegada de la perspectiva durante dicha época. Por entonces, la ciudad obedecía a dos temas: o bien la ciudad de Dios, de arquitectura perfecta, de la cual Jerusalem era la muestra, o bien la ciudad maldita, Sodoma, Gomorra, Babilonia, incluso la nueva Roma, como muestra de la decadencia y la corrupción que la recorrían.

Los caprichos eran una temática nueva, a menudo una fantasía donde confluían, a libertado del autor, palacios, edificios, ruinas… Destacan autores como Canaletto y Panini, aunque la exposición da un lugar privilegiado a Hans Vredman de Vries, pintor holandés en cuyas pinturas el espacio interior y el exterior se confunden.

Otros destacados autores en la exposición fueron Miquel Navarro, con su serie de esculturas alrededor de la ciudad, y Giorgio de Chirico, con sus paisajes espectrales.

El tema de las arquitecturas que nunca han existido ha sido fecundo. Destacamos, por ejemplo, sólo por citar algunas:

  • las ciudades espaciales de Yona Friedman;
  • la New Babylon de Constant Nieuwenhuis;
  • la Plug-in-City de Peter Cook, aparecida en las páginas de la revista Archigram.
  • la Instant City, de Jhoana Mayer, en la misma revista.