La Escuela de Chicago de Sociología, de Josep Picó e Inmaculada Serra

La época tras la Guerra Civil americana (1861-1865) fue una de gran esplendor económico. “Los Estados Unidos ocuparon el lugar de Gran Bretaña como la principal nación industrial y a finales de siglo ya producían cerca del 30% de los artículos manufacturados del mundo.” Estos grandes cambios industriales vinieron acompañados también por cambios sociales.

La revolución económica no sólo transformó la faz de los Estados Unidos, sino también todos los aspectos de la vida nacional. Trajo una era de máquinas, electricidad y acero, mercados nacionales y sociedades de negocios gigantes. La industrialización fue un logro técnico asombroso, pero su proceso fue demasiado rápido para que resultara justo desde la perspectiva económica y social. Entre sus consecuencias resaltas las grandes desigualdades de riqueza, la explotación despiadada, la hostilidad de clase y un sinnúmero de problemas sociales complejos. (p. 3)

La inmigración se volvió masiva: del campo a la ciudad, debido a la evolución de la maquinaria agrícola y a la reducción de la mano de obra necesaria; pero también de Europa a Estados Unidos y posteriormente del sur al norte del país. Las ciudades crecieron de forma increíble hasta el punto de que “Nueva York tenía más italianos que Nápoles, más alemanes que Hamburgo, el doble de irlandeses que Dublín y más judíos que toda Europa Occidental. Chicago era aún más cosmopolita.”

Además, los grupos de inmigrantes tendían a concentrarse en industrias diferentes (eslavos en la minería e industria pesada, rusos y judíos polacos en el comercio de ropa, italianos en la construcción, por poner algunos ejemplos). A menudo las condiciones laborales eran atroces, especialmente las de mujeres y niños. De las redes que crearon estos inmigrantes tanto para suavizar el impacto del cambio y el capitalismo en sus vidas como para paliar la añoranza por las tierras abandonadas surgieron los apelativos como “Little Italy” o “Chinatown”; apelativos que eran erróneos pues, en general, “los inmigrantes se agrupaban en grupos provinciales y no nacionales”.

Cada grupo, en general, sintió la necesidad de crear sus propias instituciones sociales, ya fuesen escuelas, iglesias, periódicos o teatros. Tal avalancha de inmigrantes, a menudo llegados de zonas más atrasadas de Europa y ajenos al funcionamiento de la democracia, sumado a la explotación laboral y al hacinamiento urbano, generaron la creencia de que los inmigrantes estaban socavando los pilares de la civilización: se veía a los inmigrantes como esquiroles en las huelgas, dispuestos a aceptar cualquier trabajo y, por lo tanto, reduciendo el nivel de vida de los americanos.

Esta situación pone de manifiesto, por una parte, la crisis y el declive de la convivencia comunitaria y, por otra, el intento de restablecer la estructura y los lazos comunitarios en el seno de la sociedad. La Escuela de Chicago se aproximará al estudio de la sociedad a través de su visión comunitaria de la vida. La formación de las ciudades supone un reto a las formas de vida comunitarias, pero un reto superable a través de la formación de nuevos lazos grupales que trabajarán por integrar la diversidad cultural en el sistema de valores americano. (p. 8)

La democracia americana, que llevaba tiempo siendo protestante y yankee, chocaba con la visión de los inmigrantes, en general agricultores llegados de Europa con religiones y lenguas distintas. Surgieron dos éticas políticas enfrentadas: la yankee, donde el individuo tenía libertad económica y los asuntos públicos y las leyes eran un bien común, una superioridad moral a la que había que adherirse para mejorar la sociedad; y la de los inmigrantes, donde el poder recordaba al de los señores feudales y se veía como una imposición, “interpretando las relaciones políticas y cívicas principalmente en términos de obligaciones personales”.

Los nativos, formados en el mundo rural americano, no habían tenido señores contra los que luchar ni antecedentes revolucionarios; por eso sus ideales no buscaban “la igualdad social ni la instauración de un régimen socialista (…) sino promover la igualdad de oportunidades acorde con el sentido individualista y emprendedor de su filosofía”. Los inmigrantes venían de sociedades autocráticas y veían a los representantes del poder como los defensores de los intereses de los poderosos; la política no se regía por la defensa del bien común sino por “relaciones personales” ajenas a las clases populares.

Las tres corrientes principales de las que bebería la Escuela de Chicago serán la ecología, el pragmatismo y el interaccionismo simbólico.

El evolucionismo se vinculó en Estados Unidos con la ideología liberal de la mano de Spencer, “enemigo del Estado y partidario del lassez faire“. Del mismo modo que las especies luchan entre ellas sucede en la sociedad, donde los organismos evolucionan desde los grupos más pequeños a los más grandes, “estimulando las formas sociales de cooperación”. Spencer se oponía a toda participación del Estado en la sociedad y era un férreo defensor del individualismo, legitimando la filosofía liberal americana y la acumulación de riquezas; ello llevó a una gran desigualdad y a la marginación de los débiles y los menos adaptados.

Otra de las corrientes fue el pragmatismo de Dewey. “Las ideas no son algo que está ahí fuera de nosotros esperando ser descubierto, sino herramientas que la gente utiliza para enfrentarse al mundo, y no se desarrollan de acuerdo con una lógica interna, sino en la interacción social con los demás”; el valor de las ideas radica en su importancia práctica. Los efectos del pragmatismo en la Escuela de Chicago se perciben en la atención a lo concreto y particular, antes que a lo abstracto; al estudio de micromundos múltiples y cambiantes; y al rechazo por el dualismo entre individuo y sociedad por considerar que la relación entre estos es dialéctica.

La tercera corriente es el interaccionismo simbólico de Mead. Resumiendo mucho, uno de los conceptos clave es el “self”, el uno mismo, que es siempre una interacción social. “El interaccionismo simbólico toma así como elemento fundamental del estudio y análisis de las relaciones sociales la naturaleza simbólica de la vida social, sitúa al individuo como protagonista y, al mismo tiempo, como intérprete de la vida social”. Uno de sus precursores fue Simmel (“Las grandes urbes y la vida del espíritu”) y uno de los principales exponentes de la segunda generación será Goffman (La presentación de la persona en la vida cotidiana, Los momentos y sus hombres).

Chicago sufrió un incendio en 1871 que destruyó la mayor parte de la ciudad. No tardó en reconstruirse; y para ello hizo gala de los últimos avances, convirtiéndose en una mole de rascacielos y adalid de la modernidad donde convivía gran cantidad de nacionalidades. Además, el tendido del ferrocarril y su situación geográfica la convirtieron en el nodo central que vinculaba “los diferentes mundos del Este y el Oeste en un sistema único”. Todos los problemas que hemos expuesto hasta ahora convivían en la ciudad: hacinamiento, explotación laboral, gran concentración de inmigrantes, percepción de la propia ciudad como un lugar salvaje, vendido al caos, el crimen y los gángsters, a punto de caer en la más abyecta aberración social; la jungla de asfalto.

Ante esta situación, la respuesta de las clases medias reformistas de finales de siglo XIX y principios del XX fue la filantropía. Picó y Serra destacan la figura de Jane Addams y la Hull House, una casa de acogida que se convirtió en una especie de centro cívico donde acudían miles de personas de todo Chicago. En 1895 llevó a cabo junto a Kelley un estudio (Hull House, Maps and Papers) donde ya recurrieron a muchas de las técnicas que después haría famosa la Escuela de Chicago: el uso de mapas, el recurso a las técnicas estadísticas, el análisis de los grupos inmigrantes y su desorganización en la ciudad. Además, y a diferencia de lo que harían luego en la Escuela, Addams y Kelley destacaron “las condiciones económicas como causa fundamental de los problemas sociales”, estudiaron el arte como actividad diaria, se centraron también en el estudio de las mujeres y abogaron por cambios sociales directos.

El Departamento de Ciencia Social y Antropología de la Universidad de Chicago nació al mismo tiempo que la Universidad de la ciudad, el 1 de octubre de 1892. Por entonces, contaba con cuatro miembros: Small, un pastor baptista que sería su primer dirigente, y Henderson, Starr y Talbot. El Departamento cobró fama y protagonismo especialmente a partir de los años 20, con la llegada de Park, la fundación de la Society for Social Research, el establecimiento por parte de él de un programa de investigación que reunió a gran cantidad de estudiosos y también la financiación, generosa, de la fundación Laura Spelman Rockefeller Memorial.

La primera generación de la Escuela de Chicago abarca desde la fundación hasta la Primera Guerra Mundial. Sus principales representantes: Small, Henderson y Thomas; la principal publicación: El campesino polaco. “Es una fase estrechamente vinculada al evangelismo cristiano de sus fundadores, a dar respuesta a las filosofías que defienden el capitalismo más liberal -darwinismo y evolucionismo- y a luchar contra sus consecuencias sociales más duras que se plasman en la ciudad de Chicago.” (p. 53)

Si Small era un pastor baptista, la otra figura esencial de esta primera generación, Thomas, era hijo de un clérigo metodista y campesino. Estudió humanidades en Estados Unidos, se trasladó a Alemania donde estudió etnología y psicología e ingresó en 1894 en la Universidad de Chicago.

A partir de 1890, las corrientes migratorias de Europa a América se acentúan. “La inmigración de origen anglosajón, germana y nórdica es reemplazada por los nuevos inmigrantes llegados desde Europa del Este y del Sur.” De entre ellos destacaban los polacos, que alcanzaron un 25% de todos los inmigrantes y se concentraron en las grandes ciudades como Chicago, Detroit o Buffalo. Venían de una de las últimas sociedades feudales europeas y en general eran sólo agricultores, sin mucha cualificación; por lo que la mayoría se dedicaban a la industria del acero o los mataderos. Cobraban poco, tanto por tener trabajos poco cualificados como por la discriminación de los empresarios. Desarrollaron una serie de instituciones en las ciudades de Estados Unidos a medida que se adaptaban a la vida allí (entre ellas la más importante fue la iglesia católica, donde estudiaban sus hijos).

Thomas, que había aprendido suficiente polaco, inició una investigación para comparar el comportamiento de los polacos a ambos lados del Atlántico, antes y después de la inmigración. En 1913 conoció al que sería su gran colaborador, el polaco F. Znaniecki, también estudiante de sociología. Entre ambos publicaron El campesino polaco en Europa y América (1918 el primer volumen, 1920 el segundo), un clásico de la sociología de la época.

Su finalidad era explicar el cambio que se produce en los individuos y en las familias de campesinos emigrantes y cómo reacciona su comportamiento y organización cuando se enfrentan a las formas de vida y los valores de una sociedad nueva y distinta a la suya, como la americana. En alguna medida es un estudio macrosociológico sobre la interdependencia entre los grupos y las instituciones en un contexto de cambios sociales provocados por la industrialización. (p. 63)

El estudio se llevó a cabo tanto en Chicago como en Polonia por parte de Znaniecki (aunque en 1917 partió a Chicago y trabajó junto a Thomas en la Universidad). El punto de partida ya era algo novedoso: dejaban de lado las teorías biológicas de la diferencia racial y buscaban las causas en el contexto social. El estudio se dividía en 4 partes:

  • “Organización del grupo primario”: familia y comunidad en Polonia a principios de siglo en comparación a la situación posterior.
  • “Desorganización y reorganización en Polonia”: ruptura del orden social en la sociedad campesina tradicional, cambios en las familias y aparición de nuevas formas de organización.
  • “Organización y desorganización en América”: formación de comunidades polaco-americanas, nuevas formas de organización y asociación “donde el individuo ya no se desarrolla en el seno de una familia extensa sino que adopta el modelo de la familia nuclear” así como escasa integración en las normas sociales americanas.
  • Autobiografía de un joven polaco inmigrante.

Los sociológos reformistas creían en la capacidad integradora de la sociedad americana; pensaban que las condiciones materiales eran el escollo principal que impedía la integración de los inmigrantes, de forma que si se garantizaban dichas condiciones, se aseguraría una vida familiar equilibrada.

La novedad del trabajo de Thomas y Znaniecki venía porque también estudiaba la actitud de los inmigrantes: “se ocupan del estudio social y de las reglas institucionales que tratan de regular el comportamiento humano, pero también de las actitudes personales de los individuos que componen el grupo, por eso la teoría social abarca tanto la sociología como la psicología social, porque está interesada en la relación entre el individuo y la sociedad”. Es decir: la causa de los fenómenos sociales no es sólo social (Durkheim) ni individual, sino una combinación de ambas.

De hecho, el pensamiento de Thomas cambiará hasta el estudio de 1923, The Unadjusted Girl, donde aún dará más importancia a la definición de la “situación” hecha por quien actúa. Esta definición se da tanto con elementos sociales comunes como con elementos particulares del individuo.

En definitiva, El campesino polaco presentaba diversas novedades respecto a los estudios sociológicos de la época:

  • 1, se apartaba de la sociografía y las teorías biológicas reduccionistas;
  • 2, técnicas cualitativas novedosas;
  • 3, se inspiraba en el pragmatismo y el interaccionismo simbólico;
  • 4, cuadro conceptual novedoso (desorganización social, definición de situación, actitud, marginación…);
  • 5, proporcionó las bases para asentar la sociología y la psicología social.

En la próxima entrada hablaremos de la ecología humana: de Robert Ezra Park y Ernest Burguess.

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