TAW (IV): Regional Managers: Outsorcing Power

Cuarta lección del curso The Assyrian Way, impartido por Karen Radner.

En esta ocasión, nos centramos en las personas que ayudaban a gobernar el reino desde las provincios o desde los estados con relaciones comerciales. Los gobernadores debían seguir las doctrinas impuestas por el rey de Assur, jurando obediencia mediante juramentos sagrados; además, era habitual que hubiese rehenes de sus familias en la corte real, como comentamos en la anterior lección (los llamados “barbudos”).

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La palabra asiria para gobernador: pel pihati, “apoderado”

Se daba una dicotomía entre provincias, dirigidas por governadores que el rey podía cambiar a voluntado (habitualmente, el cambio de rey significaba ciertos cambios en los gobernadores) y estados clientes, dirigidos por una persona normalmente de forma hereditaria y que tenían una relación distinta con el trono. A menudo, las provincias quedaban más próximas al centro del Imperio, mientras que los estados cliente eran regiones lejanas, que en ocasiones se habían perdido y habían sido reconquistadas, y solían ser difíciles de mantener, por lo que era mejor establecer esta forma de asimilación con el Imperio. Ejemplos de este tipo eran las islas, como Chipre en el Mediterráneo o Bahrain en el Golfo Pérsico, o regiones montañosas o desérticas. Los gobernadores de las provincias y los delegados de los estados clientes eran denominados los “Magníficos” de Asiria (“Great Ones).

Los Magníficos, unos 120 hombres, eran leales al rey (o se los suponía como tal, para ostentar el cargo) y formaban la espina dorsal del Imperio. Recibían el sello del rey, que les permitía actuar en nombre del rey; pero no como actores del rey, sino como si fuesen el propio rey. La propia existencia de esos 120 sellos evidenciaba el paso de reino a imperio: el rey necesitaba extender su persona, fragmentarla, para poder abarcar todos sus territorios.

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El sello del rey

El sello estaba plasmado sobre un anillo de oro y presentaba la figura del rey luchando contra un león; como ya comentamos, la escena sirve tanto para evidenciar el poder del monarca como para dejar claro su lucha contra la violencia del mundo y su capacidad de edificar e instaurar orden.

A partir del siglo IX a. C., los Magníficos se seleccionaban de entre los altos administrativos de la corte, más que entre los nobles. Era importante repartir bien sus cargos, para que hubiese equilibrio en el Imperio. Muchos de ellos eran, por lo tanto, eunucos.

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Eunuco, “el de la cabeza”, antiguo título que hacía referencia a un asistente

Como los eunucos no tenían pretensiones familiares ni la capacidad de formar una dinastía, se consideraba que era, primero y ante todo, leales al Imperio. Además, se los mutilaba antes de llegar a la pubertad, por lo que entraban en la corte a edad muy temprana. De algún modo, por lo tanto, cuando se convertían en delegados o gobernadores, se podía interpretar como que el Imperio estaba gobernado por una gran red familiar, pues en la corte se los consideraba de forma similar a un hijo adoptado.

Los eunucos eran los únicos hombre adultos imberbes en el Imperio, ya que se les destrozaban los genitales antes de alcanzar la edad del desarrollo hormonal (la profesora paraece dar a entender que no los castraban, sino que sus genitales eran “crushed”, aplastados).

Como ya comentamos, la familia asiria estaba formada por un hombre y una mujer: sólo los hijos de la mujer se consideraban legítimos, pese a que el hombre tuviese otros hijos (habitualmente, con esclavas de la casa) fuera del matrimonio. Con la familia real, en cambio, y para no arriesgar con problemas en la sucesión, todos los hijos del rey, de cualquiera de sus esposas (aunque sólo tenía una reina), se consideraban hijos legítimos; por ello eran tan importantes los eunucos, que habían estado en todas las cortes de Mesopotamia desde el principio.

Hasa el siglo IX y la llegada del Imperio, los eunucos permanecían en la corte, donde tenían todo tipo de trabajos (no quedaban relegados al manido “guardián del harén”); a partir de entonces, el rey Ashurnasirpal decide enviarlos como gobernadores por todo el Imperio. Le suponen dos ventajas: la primera, cualquier hombre sin barba visto por las provincias se distingue a leguas como el sirviente del rey, por lo que ya se conoce el papel que juega; en segundo lugar, no dejan descendencia, por lo que, al morir, no existen una familia que se crea con derecho o legitimidad a heredar ese gobierno, lo que favorece la cohesión del Imperio.

La necesidad de mayor cantidad de eunucos generó, además, una demanda social: puesto que los eunucos servían en la corte y tenían la posibilidad de acabar como gobernadores en provincias, a las familias nobles y a las de clase medio-alta empezó a interesarles ofrecer a sus hijos al palacio (“entrar en palacio” era el eufemismo usado para convertir a los niños en eunucos, aunque oficialmente pasaban a formar parte de la corte y dejaban a su familia atrás), puesto que les ofrecía grandes posibilidades a los vástagos pero también una posibilidad de escala social a la familia. Convertirse en eunuco en el Imperio Asirio era similar a entrar en la Iglesia en la Edad Media: convenía a la familia, generaban mayores opciones para el elegido, le permitía una educación y lo hacia renunciar a su anterior familia y a la posiblidad de tener hijos.

Comunicación a larga distancia. El método habitual era la mula: mayores y menos tozudas que los burros, infértiles, no necesitan tanta agua como un caballo y son el animal perfecto para los climas áridos como el asirio.

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Supongamos una distancia entre Kalhu y Que, en la actual Turquía: 700 kilómetros que atraviesan estepas, parte de desierto, el Tigris y el Éufrates, además de otros obstáculos. La mula es ideal, pero aún así es un viaje largo. Además, las mulas se cansan, pero sus portadores también. ¿Cómo podemos reducir el tiempo? Con mulas descansadas, es decir, organizando paradas donde se pueda cambiar la montura. ¿Se puede optimizar aún más? Cambiando el propio jinete.

Y aquí es donde entra la forma de las cartas asirias, que se enviaban con sellos inscritos en cuneiforme y que por lo tanto no podían ser abiertas sin dejar constancia de ello. Pero, más que este sistema, la forma de enviar cartas asiria supuso una revolución por la confianza implícita en el sistema, en vez de en una persona. Hasta entonces se entregaba la carta al mensajero y se confiaba en éste, y sólo en él, para hacer llegar la misiva al destinatario. Con el sistema de relés asirio, lo importante deja de ser el mensajero y se convierte en todo el sistema, en la gran cantidad de manos por las que pasará esa carta y en la que se confía para que llegue al destinatario. Es lo que sucede hoy en la actualidad (bueno, hasta hace poco, cuando aún enviábamos cartas): dábamos por sentado que pasaban por multitud de manos, pero que la carta seguía intacta hasta llegar a nosotros.Y eso fue una invención de la Asiria del siglo IX a. C.

Pero no todas las cartas se aceptaban en este sistema de relés: tenían que llevar un sello muy específico, una marca donde se viese al monarca luchando contra un león. Exacto, el mismo sello que llevaban los Magníficos, que eran, por lo tanto, los únicos que podían enviar correspondencia mediante este sistema, mucho más rápido que los otros disponibles. El rey, al mover la capital a Kalhu, no sólo estableció un sistema de provincias, no sólo revolucionó la forma de gobierno y el acceso a la corte, y dispersó a los eunucos por todo el Imperio, para que le ayudasen a gobernar, sino que les dio una forma de tender redes entre ellos para mantenerse en contacto.

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Estación de correo

Las estaciones de correo se situaban a unos 35-40 kilómetros unas de otras, y servían como lugar donde descansar, guarecerse, defenderse y cambiar de montura o de manos una carta. Todos los miembros del correo, tanto jinetes como monturas, formaban parte del ejército, y eran seleccionados cuidadosamente, formando un grupo de unos 150 hombres que gozaban de grandes privilegios sociales.

Algo de historia (en el curso hay mucha, explicada de forma ágil mediante dibujos sobre una pizarra y figuritas de Playmobil, pero en general no la reescribo aquí).

El reinado de Adad-nerari III, que accedió al trono siendo niño, fue largo y estable, pese a los problemas que presentaba el reino rival de Arartu, en las montañas, enemigos de Asiria. Cuando el tercero de los hijos que lo sucedieron llegó al trono, en el 754, Assur-nerari V, se perdió también un gran batalla contra Urartu. Durante diez años se detuvo la política expansionista del Imperio, lo que creó descontento. Uno de sus hijos lo aprovechó para dar un golpe de Estado (revelarse, se llamaría entonces) y hacerse con el poder, Tiglath-pileser III, uno de los mayores conquistadores de Mesopotamia, que triplicó la extensión del Imperio. Su hijo siguió su política, Shalmaneser V, pero fue desentronado por un hermano en el 722, coronándose como Sargon II.

Sargon llegó al reino con poco respaldo, y hubo resistencias y revueltas en Babilonia, Hama, Siria y hasta en Assur. Fueron sofocadas, pero a costa de la pérdida de mayor popularidad. En cambio, en el campo de batalla era un triunfador, y terminó con el conflicto con Urartu, lo que le supuso poder llenar los cofres reales. Con eso decidió imitar el movimiento de Ashurnasirpal y trasladar la corte a una nueva capital, construida ex professo, que se denominó Dur-Šarruken (poco originalmente, la “Fortaleza de Sargon”). Pero Sargon murió poco después en el campo de batalla, luchado contra Gurdi de Kullumu, un reino cliente, y su cuerpo no fue recuperado.

Esto supuso un trauma para su hijo,Sennacheri, pues todos los reyes habían sido enterrados en Assur. El Imperio lo interpretó como que Sargon había sido maldito y que su nueva capital también lo estaba, por lo que el hijo, para evitar problemas y dar otro golpe de timón, trasladó de nuevo la capital: esta vez a Nínive, donde se rodeó de nuevo de fieles a su reinado.

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Crónica asiria de los epónimos

Los asirios no registraban los años en números, sino con nombres de personas que habían sido figuras relevantes (un gobernador, un comandante, etc.). Por ello, y por lo difícil y poco intuitivo que era conocer la cronología, hacían listas como la de la imagen: en ellas apuntaban los reyes que gobernaban, los años que habían gobernado y los sucesos importantes (guerras, asesinatos, etc); mediante tablas como éstas podemos saber, por ejemplo, del traslado de la capital, o la duración de cada reinado y quién lo sucedió. (Como curiosidad: la forma de enlazar su calendario al nuestro y saber que tal “año de…” correspondía, por ejemplo, al 759 a. C., fue mediante un eclipse: el año de Bur-Saggile, el 763, hubo un eclipse solar que fue anotado como suceso importante).

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