«Cultura colectiva y espacio público urbano», Ash Amin

Cultura colectiva y espacio público urbano es un breve texto del geógrafo Ash Amin publicado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 2008 como adelanto del primer capítulo del siguiente libro del autor. En el artículo, Amin reflexiona sobre la importancia que siempre se ha atribuido al espacio público en cuanto a su papel en la formación y desarrollo de la formación política de los ciudadanos.

«Hoy en día, los espacios de formación civil y política son plurales y están muy repartidos. Las prácticas civiles -y la cultura pública en general- se forman en circuitos de flujos y asociaciones que no se pueden reducir al ámbito urbano (…) y menos aún a los lugares particulares de encuentro dentro de la ciudad.» Los medios de comunicación, otros ámbitos políticos y sociales, como la escuela o las relaciones con el estado, se han convertido en espacios de formación política, por lo que «la dinámica de la reunión en las calles, plazas, parques, bibliotecas (…) es más probable que se interprete en términos de su impacto sobre las culturas del consumo, las prácticas de la negociación del entorno urbano y la respuesta social a la alteridad anónima que en términos de su centralidad a la hora de dar forma a la cultura civil y política» (p. 7).

Tras ciertas reflexiones, Amin acaba concluyendo que «es un salto demasiado grande asumir que unos espacios públicos más vibrantes e inclusivos en la ciudad mejorarán la democracia urbana» (p. 11). Nos parece que Amin confunde y mezcla término distintos. Recordemos las palabras de Sharon Zukin que leímos hace nada, en The Cultures of Cities, y cómo Bryant Park de Nueva York había sido modificado de tal manera que ahora, con sus BIDs (bussiness-improvement-district), su vigilancia privada, sus vallas y su configuración del espacio, era ocupado a menudo por una clase media o bien ociosa, o bien disfrutando de su pausa del trabajo en tanto que clase creativa. Mientras que una clase de menor poder adquisitivo era expulsada a un parque cercano, éste aún sin domesticar, donde, simplemente, se sentían más cómodos. Es a esta segregación a la que hacían referencia Jane Jacobs o Sharon Zukin, por ejemplo, al hablar del empobrecimiento de la vida urbana: cuando las personas sólo se relacionan, o lo hacen más a menudo, con aquellas que se les parecen, erradicando la exposición a la diferencia o potenciándola, de modo que «el otro» es cada vez un espacio más amplio que engloba a todo el que no sea como «nosotros» y que provoca miedo y cambiar de acera.

Y no: espacios más diversos no mejoran la cultura política ni civil, pero espacios menos diversos la empeoran definitivamente.

Amin destaca cuatro palabras clave en referencia al espacio público:

  • la multiplicidad, y destaca que la pretensión de abrir un espacio a todos «es dejar que prevalezcan las prácticas que pueden servir a los intereses de los poderosos, los amenazantes y los intolerantes» (p. 30), por lo que concluye que, en ocasiones, por el bien de mantener esta multiplicidad, hay que restringir algunos espacios a colectivos determinados; algo en lo que, por supuesto, no estamos de acuerdo;
  • la solidaridad simbólica se refiere a conceder un uso predominante del espacio bien a colectivos marginales, bien, por ejemplo, a proyectos artísticos, con el objetivo de promocionar visiones alternas y diversas del espacio público;
  • la convivencia se refiere a un acceso igualitario a los recursos de la ciudad y la negociación de ellos que realizan los diversos actores;
  • el mantenimiento tecnológico, finalmente, se refiere a la propia instalación física que sostiene la ciudad; aunque Amin no acaba de dejar claro el concepto y en él incluye, por ejemplo, las cámaras de reconocimiento facial o las conexiones a internet pero también la forma en que Londres reaccionó (rápidamente) a los atentados del 7J y la forma en que Nueva Orleans reaccionó (lenta y evidenciando los muchos problemas previos de inversión) a la catástrofe del Katrina; lo que tampoco nos parece un ejercicio comparable, aunque es interesante el concepto de «tecnoestructura urbana» (p. 38).

En las conclusiones al artículo, sin embargo, Amin se posiciona prácticamente en contra de todo lo que ha argumentado:

Es necesario hacer una reserva final. Pese a que he discrepado de la opinión de que el espacio público urbano es un espacio de formación política y reconocimiento humano, he coincidido en el hecho de que sigue siendo un espacio civilizador importante. (p. 43)

(…) las ciudades se están convirtiendo en ecologías del excedente que sólo pueden producir una política del más apto, en que la colisión de cuerpos en el espacio público está reducida a un juego de apropiaciones de los bienes comunes, basado en las patologías de la envidia, la sospecha y el resentimiento. (p. 44)

(…) Las personas deben entrar en el espacio público como ciudadanos legítimos, con la seguridad del acceso a los medios de vida, la comunicación y la evolución. Sin estas garantías, sometidas en la actualidad a la dura prueba de la sociedad de mercado y las formas relacionadas de corporativismo, las intervenciones en el espacio público no serán más que pequeños ajustes marginales. (p. 45)

Si precisamente estas prácticas son las que denunciaban, puede que no Jane Jacobs, porque son previas a su era, pero sí Sharon Zukin, Richard Sennett, Zygmunt Bauman o David Harvey, ¿cuál era el argumento original de Amin?

La ciudad que nunca existió, Pedro Azara

La ciudad que nunca existió es el catálogo de la exposición del mismo nombre organizada en el CCCB por el arquitecto y profesor de estética Pedro Azara. Anteriormente realizó otras dos con una temática similar, Las casas del alma, dedicada a los lugares de reposo de los muertos en las distintas culturas, y La fundación de la ciudad, sobre los ritos que siempre acompañan al establecimiento de un enclave urbano.

La ciudad que nunca existió, como el propio comisario de la exposición presenta en el libro, se centra sobre todo en los caprichos arquitectónicos del Renacimiento. La arquitectura en la pintura no tuvo importancia hasta la llegada de la perspectiva durante dicha época. Por entonces, la ciudad obedecía a dos temas: o bien la ciudad de Dios, de arquitectura perfecta, de la cual Jerusalem era la muestra, o bien la ciudad maldita, Sodoma, Gomorra, Babilonia, incluso la nueva Roma, como muestra de la decadencia y la corrupción que la recorrían.

Los caprichos eran una temática nueva, a menudo una fantasía donde confluían, a libertado del autor, palacios, edificios, ruinas… Destacan autores como Canaletto y Panini, aunque la exposición da un lugar privilegiado a Hans Vredman de Vries, pintor holandés en cuyas pinturas el espacio interior y el exterior se confunden.

Otros destacados autores en la exposición fueron Miquel Navarro, con su serie de esculturas alrededor de la ciudad, y Giorgio de Chirico, con sus paisajes espectrales.

El tema de las arquitecturas que nunca han existido ha sido fecundo. Destacamos, por ejemplo, sólo por citar algunas:

  • las ciudades espaciales de Yona Friedman;
  • la New Babylon de Constant Nieuwenhuis;
  • la Plug-in-City de Peter Cook, aparecida en las páginas de la revista Archigram.
  • la Instant City, de Jhoana Mayer, en la misma revista.

Post-it City: ciudades ocasionales

Como un texto lleno de post-it, la ciudad contemporánea está ocupada temporalmente por comportamientos que no dejan rastro -como tampoco lo dejan los post-it en los libros-, que aparecen y desaparecen de manera recurrente, que tienen sus formas de comunicación y de atracción pero que cada vez resultan más difíciles de ignorar.

(…) La ciudad contemporánea ha construido sus espacios edificados a través de la elaboración de nuevas tipologías y nuevos tejidos -patrones infinitos de casas unifamiliares, ciudades de naves industriales, parques temáticos falsamente medievales- pero no ha tenido la misma creatividad ni la misma desenvoltura para el espacio público.

Pero se ha producido una reacción: el espacio urbano es hoy el palimpsesto de una experimentación continua de formas de vida en público. Lo que nace no son nuevos espacios públicos, sino nuevas dimensiones de vida y relación en público. Y el espacio ocupado por estos fenómenos raras veces es «público» en un sentido estricto, es el espacio de enclaves infraestructurales, de recintos industriales abandonados, de aparcamientos inutilizados, de terrain vague de diversa índole. Hoy por la ciudad vagan espacios públicos errantes, que rozan los espacios públicos tradicionales, nacen, se enraízan, mueren y renacen en otro sitio.

Post-it City es este texto errante por la ciudad, una manera de subrayar, esconder, resaltar el texto original para dotarlo de un aspecto temporal, hacer adaptaciones rápidas, ligeras. Es un proyecto público aún nuevo, de una multitud que aún no conocemos, el conjunto de exigencias imprevisibles pero que encuentran un espacio, construyen nuevos vínculos, establecen relaciones identitarias vagas con los lugares que ocupan y después los liberan para ocupar otros. (p. 14).

Estas palabras de Giovanni La Varra nos sirven para situar el libro Post-it City. Ciudades ocasionales. Se trata de un recopilatorio sobre una exposición que se llevó a cabo en el CCCB de Barcelona durante 2008 y que retrataba el concepto de ciudad post-it, término desarrollado por el propio La Varra y que define una ciudad temporal que se acopla sobre el espacio público de forma alternativa, con un uso no sancionado por las autoridades pero que responde a una necesidad de parte de la población que no encuentra otro lugar donde llevarlo a cabo.

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O, dicho en otras palabras, en concreto las de William Gibson: la calle siempre encuentra sus usos.

El concepto es completamente adecuado, debemos añadir. No sé ustedes, pero en el blog, donde somos asiduos a coger libros en la biblioteca, a menudo los encontramos subrayados, anotados al margen, comentados; lo que da lugar a una segunda lectura, la oficial, la que pretendía el autor, y la de alguno de sus lectores. Sorprende encontrar lectores que subrayan partes que uno ignora, otros que subrayan las mismas que uno va a destacar; se forma así una afinidad o carencia de ella con ese segundo lector, así como con el autor.

Algo similar sucede en la ciudad, y a partir de dicha idea se desarrolló la exposición del CCCB. El concepto le surgió a La Varra a partir del incidente en Moscú el 28 de mayo de 1987, cuando Mathis Rust, un estudiante de Berlín y piloto aficionado de 19 años, se decidió a salir volando (literalmente) de su ciudad para aterrizar en la Plaza Roja de Moscú, nada menos, como una forma de mostrar la unión entre los pueblos. Esa idea, por mucho que loca, presenta una nueva concepción del espacio público (¡la Plaza Roja como pista de aterrizaje!) similar a la que conciben los usuarios que no encuentran dónde llevar a cabo sus necesidades.

¿Qué se aprende mirando las ciudades post-it, según La Varra? Tres cosas:

  • los materiales con que se construyen, a menudo reciclados, sostenibles, ocupaciones de espacio abandonado, que tienden a la invisibilidad;
  • la temporalidad del espacio; a menudo se concibe el espacio público como lugar atemporal, estable, con usos determinados; por ello, cuando «un párquing se convierte en un espacio público y compartido, cuando una infraestructura deviene mercado o un terrain vague un jardín, se convierten en sensores de una cualidad urbana latente, de un espacio abierto a dinámicas no invasivas; una señal de promiscuidad, de intercambio, te tensión entre previsión y uso»;
  • el lenguaje: cada ciudad post-it genera un nuevo argot, una forma de referirse a sí misma como espacio y comunidad; son voces que la ciudad «oficial» no tiene en cuenta o desatiente, pero que forman igual parte de ella.

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Antes de entrar en ejemplos concretos, comentamos brevemente algunos de los artículos que dan pie a la exposición.

Martí Perna en Post-t City. Ciudades ocasionales destaca el origen de este tipo de enclaves como una forma heterogénea e informal en que la ciudad deja claro que sus propuestas oficiales, surgidas de unas autoridades que buscan la homogeneidad completa, no son suficientes para todos los ciudadanos. Especialmente en el tardocapitalismo cultural, que pretende formar ciudadanos consumidores que expresen su individualidad, fabricada en despachos, únicamente mediante transacciones sancionadas. La necesidad de las ciudades ocasionales entronca con el derecho a la ciudad, con la expresión de las necesidades latentes.

Robert Kronenburg se ocupa, en Arquitectura subversiva, en dos aspectos: por un lado, las casas precarias instaladas en determinados intersticios de las ciudades japonesas, a menudo reconocibles por sus lonas azules, entregadas por las autoridades para los sin techo; a diferencia de las occidentales, que suelen ser agrupaciones de objetos sin más, las casas japonesas de este tipo son enclaves de madera, con unas bases que las elevan del suelo por si hay inundaciones (suelen estar junto a los ríos y canales) y a menudo incluso cuentan con sus propias bicicletas, tendederos de ropa y otras necesidades. El otro aspecto que retrata el artículo son las formas «alternativas» de habitar: desde contenedores de mercancías reconvertidos en casas o bloques de edificios hasta propuesta artísticas que tematizan el tema de la vivienda, como la del artista Santiago Cirugeda que, por ejemplo, obtiene permisos para levantar andamios junto a edificios con la excusa de renovar sus fachadas y luego convierte la estructura en algo estable.

Alessandro Petti (Zonas temporales. ¿Espacios alternativos o territorios de control socioespacioal?) se plantea la forma como algunas ciudades se han aprovechado del espacio informal que había en ellas, como Berlín, ejemplo de recorrido doble: ciudad planificada desde las autoridades verticales pero en cambio ciudad vida y repleta de microespacios e intersticios que los ciudadanos han ido aprovechando, si bien luego las autoridades les han ido detrás para apropiarse de ellos. Habla luego del caso de Génova, ciudad donde se llevó a cabo una reunión del G8 motivo por el cual se dividió la ciudad en tres zonas: rojas, verdes y amarillas. Las verdes eran las habituales, las rojas eran zonas de extrema vigilancia donde todos los derechos ciudadanos quedaban suspendidos en aras de una vigilancia extrema y control de todos aquellos que accedían, y la amarilla un espacio de transición entre ambas. El mismo esquema se ha llevado luego a cabo en Praga, Niza, Nápoles, Davos… También trata el concepto de ciudades autónomas, como el Burning Man Festival.

Manuel Delgado (Apropiaciones inapropiadas. Usos insolentes del espacio público en Barcelona) destaca también cómo las ciudades post-it surgen como resultado de la pugna entre la concepción oficial del espacio público (lugar vacío entre construcciones, para las autoridades, donde los ciudadanos realizan las ideas de democracia, civismo, consenso y, en general, pasean entre consumo y ordenada educación) y la verdadera, la de las necesidades de aquellos que lo pueblan. Sorprende, por lo tanto, que en 2005 se promulgasen una serie de leyes en Barcelona que impedían desde andar sin camiseta por la calle hasta usar las fuentes para bañarse, beber alcohol en las calles o prácticamente jugar en las plazas. Sorprende, dice Delgado, porque estas mismas autoridades, tan contrarias a todas las expresiones informales de los ciudadanos, no tienen el más mínimo rubor en permitirlas si vienen acompañadas del correcto consumo (beber botellón, es decir, consumir alcohol sentados en una plaza, es ilegal; beberlo sentados en las terrazas de los comercios que pagan sus adecuados impuestos es legal, cuando el acto es el mismo); o autoridades que permiten la gentrificación y los desmanes urbanísticos o inmobiliarios sin el más mínimo rubor. Erradicar a las prostitutas del Barrio Chino para convertirlo en el Raval (lo hablamos hace nada tratando el tema de la gentrificación) sin preocuparse por erradicar el problema, sólo por desplazarlo.

Delgado acaba destacando el papel de la fiesta en la ciudad de Barcelona «como lo que siempre ha sido: «un territorio en el que el carácter crónicamente problemático de la vida social encuentra una oportunidad para expresarse». Recordando sus palabras en Ciudad líquida, ciudad interrumpida sobre que la fiesta, en vez del estado de excepción que a menudo se considera es lo contrario, el estado real de las cosas, Delgado habla de las «fiestas ingobernables», en palabras del Ayuntamiento: San Juán, las fiestas de Grácia, de Sants, ocasiones festivas en que la población ocupa las calles o las playas de formas que las autoridades detestan y contra las que luchan con todas sus fuerzas. Cada 24 de junio se abren los periódicos de la zona con imágenes de lo sucia que ha quedado la playa tras la verbena; ¿por qué jamás se abren los periódicos con lo sucias que quedan las calles tras la celebración de una victoria del Barça, por ejemplo? «Pero el denominado «auge del incivismo» [en Barcelona durante los años 2005-2008] no es el resultado de un grado excesivo de libertad, sino todo lo contrario».

A continuación destacamos algunos de los 78 proyectos recogidos en el libro. Los tienen todos aquí.

  • Unreal States of China, un documental que retrata usos alternativos de las grandes infraestructuras en las megalópolis chinas, como mercados surgidos bajo las vigas de una autopista.
  • Economic borders habla de los comerciantes que, subidos en un camión, recorren Sicilia organizando mercados ambulantes previamente establecidos, como forma en que el comercio usa los intersticios para establecerse. Es una reflexión que nos permite acercarnos, por ejemplo, a los mercados semanales que se llevan a cabo en multitud de pueblos y ciudades de España, a menudo informales y callejeros, pero que sirven para que la población aproveche el día como ocasión casi festiva.
  • Street Economy Archive reflexiona sobre el concepto del top manta.
  • Schengen, El castillo, lo hace sobre las fronteras y las oportunidades que éstas generan, centrándose en el cruce de la frontera entre África y España como forma de alcanzar el sueño europeo para numerosos africanos.
  • En el mismo sentido, Movimenti di Confine retrata los camiones que esperan en la frontera entre Italia y Eslovenia el momento adecuado para entrar, en relación con la historia reciente europea (la frontera italoeslovena dejó de existir en la frontera del 21 de diciembre de 2007). Si el anterior reflexionaba sobre los flujos de personas, este lo hace sobre los flujos de mercancías.

jardines

  • Loisada o los jardines comunitarios de Nueva York, que surgen de forma impulsiva y son cuidados por los vecinos de la zona.
  • Gas Station (Tobias Zielony) reflexiona sobre los puntos de encuentro de los jóvenes en Alemania que viven en zonas periféricas, sin infraestructuras donde pasar el rato, que acaban reuniéndose en las áreas de servicio de las autopistas.

gasolinera

  • Do and Undo lo hace sobre la construcción de la ciudad de Burning Man Festival, una ciudad brotada de la nada en el desierto y construida con la idea de desaparecer, una vez terminado el festival, sin dejar rastro.
  • Parco retrata las actividades que se llevan a cabo en los parques de la ciudad, especialmente como forma de relación entre los diversos usos, oficiales-alternativos, de personas cercanas y lejanas, que hace cada comunidad de ellos.

«Las ciudades, en manos de las finanzas globales». Conferencia de Raquel Rolnik

Conferencia dada por Raquel Rolnik en el CCCB en julio de 2017 en el ciclo de conferencias sobre la ciudad. Aquí podéis ver el vídeo completo. Raquel Rolnik es arquitecta y urbanista brasileña. Ha trabajado tanto en el sector privado como el público, y tiene diversos libros sobre el tema de entre los que destacamos La guerra de los lugares. La colonización de la tierra y la vivienda en la era de las finanzas de la editorial descontrol.

La tesis principal es que estamos bajo un nuevo poder colonial desde finales de las décadas del siglo pasado. Este nuevo poder colonial se llama finanzas globales. El uso del término «colonización» no es baladí: implica tanto la dominación territorial como la cultural. Dicha colonización tiene un único objetivo: la obtención de renta mediante la abertura de nuevas fronteras que sean capaces de generar interés para el capital.

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Rolnik habla de este capital como un «wall of money», un muro de dinero que levita sobre el planeta y busca lugares sobre los que descender para someterlos y extenderse. Recuerda al concepto de Bauman de el capital flotante o el gran capital, una suma de dinero y las personas que lo van siguiendo que no viven en ningún lugar y exigen que cada ciudad les tenga preparado un «puerto» o lugar donde poder establecerse y con similares características en todas las ciudades. Una de las características de este wall of money es que circula en paraísos fiscales donde no paga impuestos; además, teniendo en cuenta que aproximadamente el 80% de los beneficios que obtiene no son para reinversión, sino para entregar dividendos a sus accionistas, se tiene un capital enorme que no repercute positivamente en la población y que sólo busca expoliar.

Se trata de capital desterritorializado, no vinculado con población ni territorio. Y una de las inversiones que ha captado últimamente es la de los inmuebles, cambiando el concepto tradicional de «bien raíz», es decir, establecido, y que hoy en día ha perdido su sentido y se ha convertido en capital también flotante mediante la operación de «titulización«: transformar un espacio construido en un equivalente en un papelito, un bit, información en la nube. Un ejemplo actual de esto es el caso de las viviendas de protección oficial de Madrid que el equipo de Ana Botella vendió al fondo buitre Blackstone a un precio inferior al del mercado, pero Rolnik pone como ejemplo los centros comerciales: fundados por compañías de fondos y con accionistas que sólo esperan obtener réditos de ellos.

La ventaja de estos centros es que los fondos buitre pueden invertir o desinvertir en ellos con un simple gesto, en función de si obtienen beneficios o si existen sitios en los que la inversión es más rentable. Algo así sucedió en Barcelona, donde llegaron de repente grandes fondos de inversión y los ciudadanos de la calle se encontraba de repente compitiendo con grandes jeques, grandes fondos de inversión tejanos, etc. Estos fondos se pueden permitir inversiones a grandes plazos: aunque ahora mismo un edificio no les sea rentable, lo pueden mantener aparcado, vacío, a media construcción, etc, a la espera de que el mercado los revalorice. De nuevo, el ejemplo del gran parque inmobiliario a manos de los bancos que hay en España a la espera de que los precios suban o de que los clientes acepten hipotecas que sólo concede cada banco para la compra de sus propios pisos. Además, su único objetivo es obtener beneficio, con lo que subirán los alquileres o venderán a otros fondos sin tener en cuenta las repercusiones para los ciudadanos.

Hay otros ejemplos, como los barrios sin titularización oficial existentes en América Latina, enormes extensiones a las afueras de las ciudades donde vivían multitud de personas pero que fueron arrasados para ofrecerlos a los grandes inversores.

El siguiente paso en esta cadena de obtención de beneficios pasa de la posesión de las viviendas a la gestión del espacio: smart cities. Productos unificados y construidos en cadena, mismos espacios en distintas ciudades: la hegemonía de los productos inmobiliarios sometidos a la misma lógica del capital. «Las ciudades se transforman en paisajes para la renta y no para la producción y reproducción de la vida que era la ciudad del capitalismo fordista.»

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Y todo este proceso surge de una esfera pública, mediada políticamente, hacia un espacio privado, mediado por corporaciones. La utopía de la autoregulación del capitalismo ha perdido su sentido y ha quedado demostrada como mentira: la gestión política se ha sometido al mercado. Todos los procesos que Rolnik ha explicado hubiesen sido imposibles sin la complicidad de las estados: al permitir el capital flotante, al permitir las inveresiones en vivienda e inmueble, desregularizando la necesidad de la estabilidad de los ciudadanos, incluso financiando estas operaciones (de nuevo: las viviendas de protección oficial que compró Blackstone fueron levantadas con dinero público).

Por suerte, existen cada vez más movilizaciones y resistencias contra esta colonización.

El aumento de las ocupaciones, tanto de vivienda como de espacio público, son tácticas esenciales, experiencias de prefiguración de nuevas formas de organizar la sociedad, de toma de decisión, de autogobierno, de gestión de la vida colectiva que son procesos de construcción de lo común; el espacio público no es un lugar, sino un proceso de construcción autónoma y de definición de un destino de lugar que se opone claramente al papel que el lugar ha tenido bajo la colonización de las finanzas. Creo que hoy tenemos una confrontación entre la toma del territorio para extracción de la renta versus la liberación del lugar para permitir que la vida se desarrolle y que la gente pueda vivir. Son procesos colectivos que eventualmente llegan a explosiones y protestas que permiten vislumbrar la potencia, aunque no está claro cuál es el modelo del futuro, cuál es la nueva organización social que vamos a tener; pero cada resistencia contra un desahucio o contra una privatización, cada apropiación del espacio como lugar de la multiplicidad y la libertad es esencial para construir esta otra alternativa al avance de la colonización.

Surge una pregunta del público asistente sobre si existe una diferencia entre el proceso de exclusión generado por esta nueva colonización y el proceso de exclusión generado, por ejemplo, en la ciudad fordista, cuando los que tenían menos debían abandonar el centro por el precio del suelo. Una similitud: en ambos casos la vivienda es una mercancía, tiene un precio, y por lo tanto sólo es asequible a quien pueda pagar ese precio, generando clases de ciudadanos. Una diferencia: ahora en una ciudad ya no compiten los mismos ciudadanos unos contra otros, el inversor por ejemplo contra su trabajador, sino que los ciudadanos compiten con grandes fondos de inversión. Antes el proceso político trataba de equilibrar la situación para no vaciar las ciudades (más o menos en función del signo político de cada gobierno), pero hasta ahora las clases populares tenían algo de fuerza en la gestión de la ciudad que les permitía cierta redistribución. Eso hoy ha desaparecido y el poder de gestión local ha sido casi anulado por una gestión política favorable al capital. Hoy no es posible hablar con, ni convencer al, capital, porque no es un fondo de inversión: es toda una cantidad de ellos; si uno cede, vendrá otro a ocupar su lugar, cuando no están tan inextricablemente unidos que son indistinguibles. Incluso algunos ciudadanos participan de esta gestión: cediendo sus casas a plataformas de alquiler para poder tener una renta adicional, por ejemplo. Esto es lo poderoso de esta hegemonía cultural: que los ciudadanos son cómplices, no les queda más remedio que ser cómplices.

«La estrategia de Margaret Thatcher para imponer el neoliberalismo fue increíble: casi el 40% de todos los pisos o casas a principios de los 70 era vivienda pública, habitada por la clase obrera británica. ¿Qué hizo Thatcher? Vendió los pisos a la clase obrera a gran descuento, por lo que quebraron la base política del partido laboral: a eso siguió congelación de los sueldos y estancamiento del dinero, por lo que tuvieron que usar sus viviendas como moneda para comprar coches, sobrevivir, pagar la educación de sus hijos.» ¿Cuál fue la consecuencia a largo plazo? La crisis de la vivienda actual: los hijos de aquellos propietarios no pueden acceder a la vivienda.

¿Se puede luchar a pie de calle contra esta colonización? Sí, con movimientos de cultura periféricos y asociaciones. Un muchacho de Sao Paulo hablaba a Rolnik de «prototipar el futuro«. La diferencia entre las luchas de la izquierda por sus demandas y sus aumentos de sueldo y contra la privatización de los 70 y «prototipar el futuro» es que los primeros lucharon por poner en puestos de gobierno a personas con la capacidad de liderar esas luchas e implantarlas en la agenda mientras que los movimientos de hoy no intentan crear partidos políticos o entes capaces de llegar al gobierno e implantar desde allí sus ideas, sino que viven en persona formas nuevas de organizarse y vivir. Existe una gran cantidad de trabajadores al servicio del capital, el Big Data y el control de las personas; pero también otra gran cantidad que lucha contra ello no mediante la oposición, sino mediante la búsqueda de nuevas formas alternativas.

Finalmente, Rolnik habla de las complicaciones actuales con las palabras de Franco Berardi: estamos viviendo en el cadáver de un modelo (de Estado, de sociedad, de forma de vida, sobre todo del capitalismo; lo dice por ejemplo en esta entrevista) que da sus último coletazos: es normal que huela mal y sea duro, pero de aquí surgirán los nuevos modelos para el futuro. Pero no hay que caer en la trampa de la supremacía de lo global, con el ejemplo de los 90 (en el que la propia Rolnik admite haber caído) y con el liderazgo de Barcelona. Barcelona se propuso a finales de los 80 y bajo los cambios propiciados por la cercanía de los Juegos Olímpicos como algo más que una ciudad, un estamento superior: se anunció como un lugar en él que valía la pena estar, un lugar donde vivir e invertir; y, tal vez desde la buena fe, pero dio lugar a la competición entre ciudades y a la llamada al gran capital invirtiendo en ciudades (posesión primero, luego gestión) que ha dado lugar a toda la situación actual.

En la ciudad china: miradas sobre las transformaciones de un imperio

Entre noviembre de 2008 y febrero de 2009 se llevó a cabo una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona llamada En la ciudad china: miradas sobre las transformaciones de un imperio. Desarrollada en colaboración con la Cité de l’Architecture et du Patrimoine (París), pretendía ser una mezcla entre un retrato y un acercamiento multidisciplinar a la historia y le evolución de las ciudades chinas. Conscientes de la enormidad de la tarea, los autores son los primeros en afirmar que no se puede acometer tal trabajo con la pretensión de darlo por terminado, sino tan sólo llevar a cabo una serie de acercamientos que se dieron en forma de artículos muy variados en temática (arquitectura, historia, hidrografía, sociología) y en disciplina (hay vídeos, documentales, exposiciones, fotografías).

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Como resultado de la exposición se publicó este libro, que recoge la mayoría de las aportaciones. Se trata de un libro muy bien editado, rico en detalles y que apasionará a cualquier persona interesada en la historia del gigante asiático. Los artículos están agrupados por temas y van desde introductorios hasta muy especializados, por lo que son para todos los públicos, y acompañados de una amplia bibliografía para todo aquel que quiera profundizar en el tema. Hay tres artículos que reseñaremos a continuación especialmente interesantes para la temática del blog, pero nos dejamos otros muchos por el camino cuya lectura ha sido profundamente enriquecedora.

«Del territorio y sus mitologías», de Catherine Bourzat, habla de la concepción del territorio que se tiene en China y de los muchos cambios a que ha sido sometido en función de sus propias necesidades, ya sea a manos de las enormes obras faraónicas que se han llevado a cabo últimamente o por las enormes migraciones de población.

«Zhongguo, el Imperio del Medio, se ha convertido en un espacio polarizado de megalópolis habitadas por millones y millones de personas. El imperio agrario ha dejado el campo atrás para adoptar costumbres urbanas y ceder su lugar a ciudades nuevas, efervescentes y donde la periurbanización, la red viaria y la especulación inmobiliaria han devorado pantanos, arrozales y huertos.» (p. 111). Bourzat recuerda que el 90% de la población China (algo más de 1.100 millones de personas) viven en una sexta parte del territorio, el equivalente a diecisiete veces la superficie total de Francia: su huella ecológica y las necesidades que generan son abrumadoras. Sigue leyendo «En la ciudad china: miradas sobre las transformaciones de un imperio»