SUMG (VI): La ciudad global

Sexto tema de Sociología Urbana para un Mundo Globalizado, impartida por Patrick Le Galès.

Un mundo capitalista urbano globalizado. El ritmo de crecimiento de las ciudades se ha disparado: algunas aldeas de China han pasado a tener diez millones de habitantes en apenas 20 años, crecimientos desmesurados comparados con el de Chicago o Nueva York en el siglo XIX y XX. Dicho crecimiento genera la necesidad de una nueva unidad de medida: ¿cómo afrotamos el estudio de estas megaciudades? Se puede pensar en áreas urbanas: Tokyo y Yokohama, con alrededor de 37 millones de habitantes; Jakarta, 30 millones, y luego Delhi, Seúl, Shanghai, Karchi, Nueva York, México, Sao Paulo, con alrededor de 20. Otra opción es pensar en corredores urbanos: el Delta del Río Perla en CHina, por ejemplo, o la región urbana de Delhi, Gurgaon y Faribada en la India, o incluso el corredor que va desde Vancouver a Tijuana en la costa este de Norteamérica. Son enclaves que agrupan a entre 50 y 100 millones de personas.

Sin embargo, estas unidades no responden a otras preguntas ni a temas que se han acelerado en las megaciudades: dispersión o concentración, fragmentación, inequalidad… ¿son lugares mejores para vivir que las ciudades?, ¿en qué se diferencian? Peter Hall acuñó el término world cities en 1966, que se ha acabado adaptando como global cities: ciudades globales, o ciudades mundiales, o hasta ciudades mundo, que son aquellas que se conforman como un nodo esencial dentro de una región económica importante (hasta existe una clasificación en función de la magnitud del nodo, con lo que tenemos ciudades Alpha ++, Alpha +, etc.).

Sin embargo, hay un aspecto esencial ligado a la creación y desarrollo de estas megaciudades: el capitalismo. Tal vez no sea el único modelo económico hoy en día, pero es el abrumadoramente mayoritario. Las megápolis se relacionan con el capitalismo por sus lógicas de acumulación, desarrollo desigual, competición, destrucción creativa, financiación de capital, desarrollo privado, conflictos, mercados laborales, pobreza… Además, la globalización crea redes entre las distintas ciudades y el capital, reforzando los aspectos arriba señalados y contribuyendo a la creación de más megaciudades y mayor concentración, pero también de más competitividad. Dos autores fundamentales para entender estos hechos son David Harvey y Saskia Sassen.

megacities

Modelo del proceso de urbanización del capital. Siguen a continuación algunas de las ideas de David Harvey, uno de los grandes investigadores urbanos y el urbanizador del marxismo.

La búsqueda del dominio de clases por parte de la burguesía siempre ha sido, y sigue siendo, un asunto geográfico. La globalización es un proceso tradicional que está siempre implícito en la acumulación de capital en lugar de la condición política y social, la cual ha convertido el capitalismo en un modo de producción y se ha concentrado en la destrucción de barreras sociales y la aceleración del tiempo de rotación como elementos fundamentales en el proceso de acumulación de capital (Harvey, 1982; 1989a; 1989b).

La lógica sistémica y capitalista detrás de dicha geografía histórica diferencial es esencial para entenderla junto con sus contradicciones:

  • Primero: la presencia del capitalismo bajo el impulso de acelerar el tiempo de rotación, de apresurar la circulación de capital y, después, revolucionar el desarrollo del tiempo y el espacio; pero esto sólo puede lograrse a través de inversiones a largo plazo, por lo que una estratagema importante para evitar la crisis radica en poder absorber el exceso de capital en proyectos a largo plazo (por ejemplo, las “obras públicas” promovidas por el estado o en tiempos de depresión), lo que frena el tiempo de rotación del capital.
  • Segundo: la presencia del capitalismo bajo el impulso de eliminar todas las barreras espaciales, algo que solo puede lograrse a través de la producción de un espacio fijo. De este modo, el capitalismo genera un paisaje geográfico (de relaciones espaciales, de organización territorial y de sistemas de lugares relacionados con la división “global” laboral y de funciones) propio y correspondiente a su dinámica de acumulación en un momento específico de su historia, solo para tener que destruir y reconstruir ese paisaje geográfico con el fin de posicionar la acumulación más adelante.

La producción de la organización territorial (la creación de sistemas gubernamentales locales y metropolitanos, por ejemplo) se entiende como un proceso que genera territorialización, desterritorialización y reterritorialización, características recurrentes en el capitalismo histórico y geográfico.

flujos 2

Los sistemas de transporte en contenedores, tráfico aéreo, los buques de carga rodada, el diseño de camiones y, de igual importancia, el diseño de carreteras para el soporte de vehículos pesados han contribuido a reducir el costo y tiempo del transporte de mercancía. Por otro lado, los sistemas automáticos de procesamiento de información, la optimización y sistemas de control, la comunicación satelital, los teléfonos celulares y la tecnología informática facilitan la comunicación instantánea, la recopilación y análisis de la información, lo que convierte al microchip en un elemento tan importante como el satélite al momento de analizar las fuerzas que, hoy día, definen la vida urbana.

La mayor parte de la destrucción creativa que presenciamos hoy día dentro del proceso urbano tiene que verse en términos de las contradicciones internas comprendidas en las dinámicas del capital global. Sin embargo, la otra parte proviene de la competencia negativa creciente entre los espacios (es decir, las naciones, regiones, ciudades o incluso pequeñas jurisdicciones locales) que se encuentran obligados a venderse a precios sumamente bajos con el fin de alcanzar en sus territorios un grado de movilidad alto del capital.

Sin embargo, una de las consecuencias peculiares e ilógicas de este proceso es la reiteración de la importancia del poder de monopolio. No es sólo el hecho de que la competencia (como lo subrayó Marx y como lo demuestra recientemente el ejemplo Microsoft) siempre termine en monopolio u oligopolio (aunque este hecho sea importante para entender cómo ciertos centros urbanos, conocidos como “ciudades globales”, se han creado para dominar las finanzas mundiales); sino que también impulsa a las ciudades a cultivar la “renta de monopolio” como herramienta para alcanzar un grado de movilidad alto del capital con la venta de la singularidad de su ubicación, cultura (a menudo creada e inventada libremente con un énfasis enorme en las que llamamos “ciudades industriales”), sus calidades urbanas de vida (infraestructura y estética) y la estabilidad de su mercado inmobiliario (prósperas rentas y alquileres de oficinas y viviendas). Por razones obvias, dichos monopolios de espacio atraen increíblemente al capital financiero.

flujos

La “cosa” que llamamos “ciudad” es el resultado de un proceso llamado urbanización. Un enfoque dialéctico señala que:

  • (a) los procesos son más fundamentales que las cosas,
  • (b) los procesos siempre está dirigidos por las cosas que producen, sustentan o disuelven,
  • (c) los factores permanentes que se producen, que incluyen formas de pensar, instituciones, estructuras de poder y redes de relaciones sociales, así como objetos materiales, como la ciudad misma, funcionan a menudo como las bases sólidas y perdurables de su existencia material cotidiana.

La forma de pensar inicia un cambio radical con respecto al pensamiento del siglo XIX y a la arquitectura contemporánea y las ciencias sociales. A pesar de todo el énfasis en los procesos y relaciones sociales, el punto de vista dominante era, y sigue siendo, que la ciudad es una cosa que puede ser maquinada con éxito de forma que controle, contenga, modifique o mejore los procesos sociales.

Ciudades de flujos y nodos de redes. Pasamos ahora a las ideas de Manuel Castells.

Su análisis se basa en el triunfo de los flujos en el espacio. Igual que las formas precedentes, esta nueva forma de capitalismo genera un nuevo tipo de ciudad, en este caso, la megaciudad, que es tanto forma como proceso. Son nodos de la economía global que concentran las funciones de dirección, producción y gestión en todo el planeta; el control de los medios de comunicación; el poder de la política real; y la capacidad simbólica de crear y difundir mensajes” (Castells 1996: 403).

En el mismo orden de ideas, Castells se concentra en el triunfo de flujos en el espacio:

  • La globalización y la revolución tecnológica se unen para formar la sociedad red, cuyos poderes de transformación no son nada menos que colosales:
  • La economía global que surge de la producción y competencia basadas en la información se caracteriza por su interdependencia, su asimetría, su regionalización, la creciente diversificación dentro de cada región, su proceso de inclusión selectivo, su segmentación exclusivista, dando como resultado una geometría extraordinariamente variable que tiende a disolver la geografía económica histórica.

Globalización. Hay muchos procesos distintos dentro del de la globalización. Los sistemas sociales, por ejemplo, que se dan en las ciudades, se han ido desconectando de la nación-estado en la que se inscriben. Leslie Sklair sugiere, por ejemplo, que una de las claves de la globalización esencial para las megaciudades es la creación de una nueva clase social, una burguesía global nómada que cambia de país y evita así las constricciones de las sociedades clásicas (ya lo tratamos respecto a Bauman). Esta nueva burguesía habla inglés y se ha formado en centros anglo-americanos, ya sean empresas o universidades, y son los que están desarrollando la cultura global mediante sus prácticas, remodelando la organización de los centros urbanos.

Las ciudades son nodos donde conviven estos flujos con, por ejemplo, el enorme flujo de inmigración de unos países a otros, creando espacios de lujo y riqueza que conviven con otros de extrema pobreza.

Ciudades globales: ¿grandes ciudades con funciones avanzadas? Las megaciudades cada vez son más esenciales en el proceso económico. La globalización ha renovado el poder y su posición como enclave o nodo esencial en el sistema económico. La definición clásica de las ciudades globales les otorga un rol central en el intercambio de flujos de viajeros y mercancías, pero también como sedes de las mayores empresas e instituciones políticas y culturales (bancos, compañías de seguros, grupos de comunicación).

Esta visión se hizo famosa gracias a un estudio de Friedmann y Wolf en 1982 donde observaban las relaciones entre distintas ciudades. Luego Saskia Sassen publicó un libro en 1991, The Global City, donde definía las ciudades globales como aquellas que funcionan como centro en cuatro nuevos modos:

  • primero, como puntos comunes altamente concentrados en la organización de la economía mundial;
  • segundo, como lugares clave para las finanzas y servicios especializados para las empresas, que han suplantado a la producción manual como el sector líder de la economía;
  • tercero, como centros de producción, incluyendo la innovación en estos sectores;
  • cuarto, como mercados para los productos e innovaciones así creadas.

Puesto que la ciudad global se distingue por la concentración de estos grupos sociales (la que antes hemos denominado burguesía social), también se hace necesaria gran cantidad de empleados de bajo nivel proveerlos de servicios: limpieza de oficinas, restauración, asistentes domésticos… Las relaciones entre ambos grupos son complejas, y constituyen un modelo sociológico robusto presente en ciudades como Nueva York, Londres y Tokio, sobre todo, pero también, en menor medida, Los Ángeles, París, Shanghai, Frankfurt.

Ciudad desigual. Uno de los focos de estudio esenciales de la Escuela de Chicago fue el grado de segregación y la creación de vecindarios especiales que se da en las ciudades, como los guetos, slums, favelas, etc. En las ciudades globalizadas las desigualdades son aún mayores, a veces debidas a la existencia de zonas rurales pobres, pero otras son el resultado de estrategias aplicadas por los ricos para vivir en vecindarios diferentes, ya sean barrios específicos o incluso comunidades privadas. Ciudad de Muros, el famoso libro de Teresa Caldeira acerca de San Pablo, es un buen ejemplo de este caso. Existe también un estudio de Butler y Lees de 2006, ‘Super-gentrification in Barnsbury, London: globalisation and gentrifying global elites at the neighbourhood level’ que observa lo que sucede en el barrio de Barnsbury, un vecindario interno de la ciudad de Londres. Según observan los autores, se da un proceso llamado “súper aburguesamiento”: “es un nivel posterior de aburguesamiento que se da en un barrio que ya había sido previamente aburguesado”. Implica un nivel superior de inversión económica en el vecindario en comparación a olas previas de aburguesamiento, y acaba generando comunidades que, si bien no están físicamente cerradas, son sólo accesibles a grandes fortunas, a los burgueses nómadas que forman parte de las grandes empresas financieras y que no tienen ni patria ni capital.

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