CCNPU (II): Vulnerabilidades urbanas y políticas del bienestar

Seguimos con el curso, presentado por Joan Subirats.

En este apartado, nos centramos en los efectos sociales del hecho de vivir en espacios urbanos, así como los conflictos o desigualdades que eso genera. Por ejemplo: concentración de personas con menor renta, concentración de personas en viviendas de baja calidad, la diversa distribución de las personas por las ciudades geográficamente complicadas (centro-periferia, pero también valle-ladera, por ejemplo). Todo esto tiene que ver con lo que llamamos vulnerabilidades urbanas.

Vulnerabilidades urbanas. Pasamos al profesor Imanol Zubero, de la Universidad del País Vasco. La ciudad es un hecho local por definición donde terminan reflejándose hechos que tal vez provengan de otra localización. Ejemplo: los refugiados sirios, un hecho internacional acaba afectando a las ciudades. Por ello, hoy en día la ciudad recoge no sólo las problemáticas locales, sino también globales, lo que plantea nuevos problemas de gestión. Se ha producido una ruptura de la definición administrativa de espacios políticos que ya no sirve para responder a problemas globalizados. ¿Quién es el responsable de cada hecho, incluso jurídicamente? Por eso hablamos de competencias propias e impropias: las que corresponden efectivamente a una autoridad, y las que tal vez legalmente no le competen pero que tendrá que resolver.

¿De qué vulnerabilidades hablamos? Las grandes, las demográficas, por ejemplo. Una ciudad puede parecer un espacio de innovación y juventud, probablemente lo es en términos macroeconómicos y estadísticos; pero también existe el envejecimiento, problema ante el que a la ciudad le cuesta responder. Jacobs decía que la ciudad es el lugar donde se concentran los extraños, y que cuento más extraños hay, más divertida es; pero ello también genera una concentración de diversidad cada vez creciente. La diversidad cada vez más ha ido ligada a flujos de migración; los extranjeros son más complicados, los extraños aún lo son más; hoy en día cuesta definir un nosotros, una ciudadanía urbana en la que todos puedan reconocerse. La diversidad etnocultural siempre será buena, pero cuando aumenta de forma disparada en algunos barrios genera pérdidas de capital social, según Robert Putman y un debate recientemente abierto.

Una tercera vulnerabilidad: el aumento de la desigualdad, que acaba generando rupturas de cohesión. Hay desigualdades aceptables, que no rompen la ciudadanía; pero el desarrollo del capitalismo está generando desigualdades que excluyen, por lo que dificultan la convivencia: proliferación de urbanizaciones protegidas, de comunidades cerradas. Un cuarto ejemplo: los procesos de privatización de la ciudad, permitir que sea el mercado el que aborde temas respecto al espacio público, por definición propiedad de todos. El problema de la escala: aunque los problemas globales terminen reflejándose en los espacios locales, y estos posean capacidad para responder a estos problemas, no hay que olvidar que estos problemas responden a escalas mucho mayores.

Se corre el peligro de externalizar estas vulnerabilidades; pero es imposible la democracia en una sola ciudad, cada vez más interconectadas. Surge la necesidad de implantar redes de ciudades, donde lo importante no sea sólo competir, sino la colaboración entre ellas.

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De la necesidad, virtud: respuesta a las vulnerabilidades urbanas. La ciudad también tiene ventajas. Volvemos a Benjamin Barber y su libro ¿Por qué los alcaldes no gobiernan el mundo?, donde se centra en la capacidad de los alcaldes de resolver los problemas que afectan a sus ciudadanos.  La capacidad de cercanía es mucho mayor que en los gobiernos estatales, lo que les permite estar más a pie de calle, con los problemas reales, dejando algo de lado las cuestiones ideológicas (sin renunciar a ellas) pero permitiendo que sean los propios procesos los que sugieran soluciones.

Tal vez esta concepción vaya algo en contra del concepto de institucionalización del que hablábamos: la burocracia, las autoridades, son más lentos que el propio cambio de las ciudades.

Pongamos por ejemplo el proceso de desindustrialización de España en muchas ciudades a finales de los 80: todas ellos contaban con capacidad similar para aportar soluciones, pero cada cual tomó su propio camino, generando recorridos distintos.

Hoy en día los ciudadanos asumen como propia la gestión de la ciudad, se ven como actores dentro de la toma de decisiones, ya sea en el barrio, el distrito… Dicho espacio es idóneo para generar procesos cada vez más democráticos de toma de decisiones a menores escalas.

Las políticas urbanas de bienestar. Pasamos ahora al profesor Ricard Gomà, de la UAB. Los gobiernos locales han tenido un papel bastante residual en la construcción del estado de bienestar, que se ha desarrollado desde los niveles centrales, regionales. Los gobiernos locales no tienen una presencia importante en las políticas del bienestar hasta finales del siglo XX. Tras la crisis de los años 70, a lo largo de los 80 y 90, emergen en las políticas locales políticas de bienestar, que tienen que ver con la aparición de una sociedad mucho más compleja, diversa, étnica, en edades, hogares… a las que las políticas estatales o regionales no son capaces de responder.

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Por ejemplo: políticas de servicios públicos y proximidad a las personas mayores, centros de día, teleasistencia…; políticas de apoyo a las personas con discapacidad o alguna disfuncionalidad, garantizando la accesibilidad universal, transporte, movilidad… Políticas de infancia y familias, necesarias ante la diversificación de los tipos de familia; familias monoparentales, por ejemplo. Son políticas de atención a las personas que difícilmente se pueden realizar desde otras capas de gobierno.

 

Barrios y crisis. Y terminamos con Ismael Blanco, también de la UAB, que comparte los resultados de un estudio titulado “Barrios y crisis“. La investigación se planteaba dos objetivos: analizar la evolución de la segregación urbana en Catalunya durante la crisis y sus consecuencias en las áreas urbanas menos desfavorecidas. Y en segundo lugar, qué papel juega la innovación social como factor de resiliencia, especialmente en los barrios más vulnerables.

blanco

Conceptos básicos: segregación urbana, que hace referencia a la tendencia de distintos grupos sociales a separarse en el territorio en función de su nivel de renta u otras características. Es decir, cómo se expresan territorialmente las desigualdades sociales. Innovación social: iniciativas sociales de carácter cooperativo que tratan de satisfacer necesidades colectivas que ni el mercado ni los poderes públicos son capaces de satisfacer. Se basan en relaciones cooperativas de horizontalidad, en el sentido de que promueve formas alternativas a los modos imperantes y tradicionales por parte del mercado y las administraciones.

La segregación urbana ha crecido significativamente: no sólo se han agravado las diferencias entre distintos lugares sociales, sino también entre ricos y pobres. Esta segregación tiene que ver, sobre todo, con las transformaciones urbanas que se produjeron durante la burbuja inmobiliaria, sobre todo con la concentración de capitales en determinadas zonas urbanas, lo que condenó a los flujos de inmigración a determinadas zonas de cada ciudad. Además, las clases altas se segregan menos, es decir, viven en entornos mucho más homogéneos que las clases medias y bajas, que tienden a mezclarse mucho más en el espacio urbano. La segregación es hoy, fundamentalmente, un fenómeno de escala metropolitana, es decir, las diferencias entre municipios pueden ser más intensas entre municipios que entre distintos barrios de un mismo municipio. Lo que significa que la población de renta alta se concentra en municipios de fiscalidad más alta que ofrecen gran calidad de servicios, mientras que las poblaciones de rentas más bajas se concentran en localidades de fiscalidad más baja que puede ofrecer servicios de peor calidad.

¿Qué papel juega la innovación social? En los últimos años, y sobre todo desde el 15-M, han proliferado alternativas democráticas y colectivas. Huertos comunitarios, bancos de tiempo, asambleas locales contra los desahucios, grupos alternativos de consumo de bienes, de energía…

mapa innovacio

Estas prácticas se han desplazado por el territorio pero no de forma homogénea: si superponemos los mapas, vemos que las iniciativas no se llevan a cabo en las áreas más pobres (en rojo) ni en las más ricas (en verde), sino sobre todo en barrios con estatus medio, donde se concentran altos niveles de capital social.

mapa territori
En verde zonas ricas, en rojo zonas pobres, en azul iniciativas sociales

Es decir, la innovación social no es tanto el resultado de la concentración de necesidades sociales sino de la disponibilidad en el territorio de recursos importantes para la acción colectiva, como unos ingresos básicos o unos niveles medios educativos. Los barrios con mayor nivel de organización social resisten mejor a la crisis, por lo que la innovación es un factor social importante; pero ésta no se da en los barrios más bajos, por lo que ahí es donde son necesarias políticas públicas para fomentarlas y que actúen como muralla de contención de los problemas.

El neoliberalismo en la ciudad. Fernando Díaz, de la Universidad de la Rioja. Visibilización del neoliberalismo en las ciudades: privatización de determinadas espacios, privatización de determinados servicios, inclusión de la idea de mercado en las relaciones sociales, es decir, las ciudades pasan a ser vistas como entes que compiten entre sí para atraer mercados, inversiones…

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Esto va de la mano de la utilización de ciertas formas de organización de la ciudad, por ejemplo los megaproyectos urbanos, que no son sólo una operación física sino que claramente pretende concentrar capital, reunir una serie de grupos y poderes que van a maximizar beneficios tanto con su construcción como su existencia. Eso sucede en todas las ciudades, pero en algunas se lleva más lejos que en otras. Por ejemplo: el caso de Madrid, muy ilustrativo desde los años 90 hasta la actualidad: crecimiento muy fuerte y desordenado, crecimiento enorme de la mancha urbana (suelo para oficinas, infraestructuras, viviendas), hasta el punto de que hoy se dice que Toledo y Guadalajara forman parte del área metropolitana de Madrid; megaproyectos singulares, como la remodelación de la M-30, no sólo con la construcción de la autopista sino con todo lo que ha implicado a su alrededor, como Madrid Río, operaciones que han endeudado increíblemente a Madrid. El resultado: un espacio mucho más diverso, ecológicamente más insostenible (la gente es más dependiente del automóvil), que requiere de mayores (y más caras) infraestructuras, y que además pierde el componente social, de aglomeración urbana, de personas apretadas que se terminan conociendo y formando comunidad. Procesos ligados al turismo, muy favorecido por este modelo económico (ejemplo: Barcelona) al que, si no se le pone freno, deriva en un monocultivo, que se vuelve contra los ciudadanos de la ciudad (Barcelona es un ejemplo, pero Venecia, Ibiza y alguna otra ya son cúspides que han muerto de éxito).

El derecho a la ciudad. Partiendo de las lecturas de Lefebvre y Harvey. El derecho a la ciudad es, antes que todo, una práctica de los ciudadanos, conceptualizada en los años 70. El concepto surge de las prácticas materiales de la vida urbana.

Lefebvre tiene que repensar el problema urbano más allá de la ciencia de las ciudades, más allá de una visión objetiva. La vida urbana es algo vivo, algo que sucede, casi una cuestión objetiva. Dice Lefebvre que se tiene que producir un nuevo urbanismo, una nueva praxis. Lefebvre enfrenta el problema de forma materialista, pensando en el derecho a la ciudad pero articulándolo de forma material. El derecho a la ciudad se ejerce apropiándose de la ciudad, de forma física, por lo que no es un derecho como el público o el civil, es un derecho de apropiación, la organización colectiva de una forma de entender la ciudad.

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Esta misma construcción lleva a Harvey a pensar en el derecho a la ciudad como un derecho de lo común, que no se puede exigir de forma individual. Se construye por la ciudadanía y dentro de la ciudadanía; y se construye en términos de antagonismo. Hay una función urbana en la producción de la vida social, y un polo de apropiación y uno de desapropiación por parte de los intereses establecidos: la privatización frente a la apropiación. Unas élites quieren apropiarse del espacio, la colectividad debe apropiarse de él para ella. El derecho a la ciudad es un derecho antagónico de apropiación del gobierno sobre la vida urbana.

Tres oposiciones:

  • privatización y apropiación;
  • desposesión del espacio urbano, quitar la capacidad de habitar el espacio urbano, y vida dentro del espacio urbano, es decir, habitarlo conjuntamente;
  • forma de gobierno, que impone el capital y pretende desposeer la vida urbana (mercado, comprar), y el derecho a compartir la ciudad (compartirla, apropiarla).

Ello genera una forma de vivir la ciudad como producción de la vida común y una tangente entre el derecho privado y el derecho común: el derecho a la ciudad permite la construcción de una comunidad que se apropie (en conjunto) de la ciudad.

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